






Embajadora
de la cocina boloñesa
ANSA, María Josefina Cerutti
Paola Brandani, especialista en arte
culinario italiano, tal como se lee en su tarjeta de presentación,
nació en Bolonia, Italia, y está en Argentina desde hace 15 años.
Desde 1990 se dedica a cocinar para
eventos y restaurantes italianos de Argentina y justo el 6 de junio
del 2003, participó como representante de América Latina, junto a un
grupo de otros 11 cocineros de todo el mundo, en el Premio
Internacional de la Cocina Boloñesa. Los 12 apóstoles de la cocina
boloñesa, como les decían allá, tuvieron que cocinar tallarines con
salsa a la boloñesa. Y cuando los premiaron la ciudad se vistió de
fiesta.
Paola Brandani da clases de cocina, trabaja en la radio y en la TV en
el canal Utilísima Satelital en el programa “Cocina fácil” de
Choly Berreteaga. También tiene el sitio http://www.brandani.com.ar/.
En la tradición italiana, la ciudad de Bolonia tiene varios
sobrenombres, como por ejemplo, “Bolonia la gorda”, porque aquí
se come mucho y muy bien, o “Bolonia la roja” por su tradición
comunista y por su tierra roja, o “Bolonia la culta” por todos los
poetas y escritores que aquí nacieron. A la mortadela también se la
llama, dice, “la bolonia” porque es en esta ciudad donde se hace
la mejor mortadela de Italia. Las mujeres de Bolonia también tienen
una gran fama: son las más voluptuosas, las más fogosas, las mejores
en la cama. ¿Por qué no en la cocina? Y si no, recordemos que, según
cuenta la leyenda, el origen de los tortellini se remonta a la
inspiración de un cocinero que mientras hacía una pasta rellena,
pensó que quizá sería más rica y graciosa si el cierre se
pareciera al ombligo de su esposa. Llamó entonces a su mujer, la
acostó y le apoyó la pasta sobre la panza, agregó el relleno y
luego la cerró, con la misma forma que tenía el ombligo de su compañera.
“Son muy pocas- le dice a ANSA Paola Brandani- las personas que
saben cerrar un tortellino boloñés como se debe. A mí me enseñó
mi abuela que era la típica mujer boloñesa”.
Paola, ¿cómo te llegó la invitación para el concurso? Un día me
llaman y me dicen que había sido designada para participar, como
representante de América Latina, en el Premio Internacional de la
Cocina Boloñesa. ¡No lo podía creer! Parece que mis amigas
emilianas que viven aquí en Buenos Aires me habían hecho un poco de
propaganda. A los pocos días de confirmar mi participación me llega
un correo electrónico con los detalles del concurso y con los
ingredientes, sin las medidas, para hacer el plato con el que competiría:
tallarines con salsa boloñesa. Los ingredientes eran seis huevos
medianos, harina doble cero, carne de vaca, panceta, zanahoria, apio,
cebolla, concentrado de tomate, leche entera y vino tinto. ¿Cómo era
el funcionamiento del concurso? Los cocineros llegamos un día antes.
Tres eran de Estados Unidos, dos de Canadá, uno de Rusia, tres de
Australia, uno de Japón, uno de Florencia y yo. Todos con una gran
trayectoria en el mundo de la cocina. El seis de junio nos vinieron a
buscar muy temprano y nos llevaron a una escuela de cocina en la pequeña
ciudad de Dozza, a veinte kilómetros de Bolonia, donde nos asignaron
un lugar con todo lo necesario. Teníamos cinco horas para trabajar y
el resultado sería un plato entero y nueve degustaciones para el
jurado. ¿Cómo fue la selección del ganador? Lo primero que nos
dijeron fue que éramos ganadores por el hecho de habernos invitado.
De todas maneras, el ganador fue Nagasako Masaroni, japonés, ex
cocinero del embajador de Japón en Roma. Preparamos la pasta y la
salsa hasta que en un determinado momento nos avisaban que en diez
minutos teníamos que salir con nuestro plato. Ese fue un momento
divertido de compañerismo porque nos ayudábamos entre todos. Uno
tiraba la pasta en el agua, mientras el otro preparaba los platos. La
fiesta de entrega del premio fue maravillosa. Había 300 personas en
la Sala Farnese del Palacio D'Arccusio en pleno centro de Bolonia. El
presidente del jurado me dijo: Señora Brandani, por un pelo no ganó
usted. ¿Qué fue lo más complicado del concurso? Saber equilibrar
los ingredientes. Por ejemplo, muchas personas no saben que a la salsa
boloñesa se le pone un poquito de leche. Pero yo sí lo sabía, me
cansé de escuchar a mi papá, que era un gran cocinero, decirle a mi
mamá que no se olvidara de agregarle leche a la salsa. La otra cosa
difícil fue estirar la pasta con el palo de amasar, como se hacía
antes. Y después cortar los tallarines a mano, justo de 7 milímetros
que cuando de cocinan llegan a ocho, la medida que tienen que tener
los verdaderos tallarines boloñeses.
¿Qué es lo que más te gusta transmitir con tu cocina? Yo
encontré mi camino en la cocina. Un día tuve la urgencia de trabajar
y a lo primero que recurrí fue a lo que había aprendido en mi casa
donde éramos una familia de cocineros y gourmets. Cocinar me hizo
sentir fuerte porque tenía algo para dar y para decir. Además
siempre les digo a mis alumnas, háganse agradecer por sus maridos los
platos que les preparan, porque hace siglos que las mujeres cocinamos
y nadie en casa nos agradece.